¿El despido colectivo en qué consiste? Claves para gestionarlo bien

Itziar Nieto, Socia Directora de Lukkap
Socia Directora
29 de junio, 2026
Cuando una empresa necesita reducir plantilla de forma significativa, el primer paso es entender si lo que está valorando es, legalmente, un despido colectivo. La respuesta no depende solo del número de trabajadores afectados, sino del tamaño de la plantilla, las causas que lo justifican y el periodo en el que se produce. El Estatuto de los Trabajadores establece un marco preciso y no cumplirlo tiene consecuencias: desde la nulidad de los despidos hasta el impacto en la reputación de la empresa como empleadora.  Pero el cumplimiento legal es el punto de partida, no el destino. Cómo se comunica el proceso, cómo se acompaña a las personas afectadas y cómo se cuida a los que se quedan determina, en gran medida, lo que queda después. En este artículo explicamos qué es un despido colectivo, cómo funciona el procedimiento y qué implica gestionarlo bien.

Qué es un despido colectivo y cuando se aplica 

Un despido colectivo es una extinción de contratos que, por su causa, alcance y número de personas afectadas, debe seguir un procedimiento específico. No depende únicamente de cuántos contratos se extinguen, sino también del tamaño de la plantilla, del periodo en el que se producen las salidas y de las causas que justifican la decisión empresarial. 

Según el Estatuto de los Trabajadores, existe despido colectivo cuando, en un periodo de noventa días, la extinción afecta a determinados umbrales de plantilla y se fundamenta en causas económicas, técnicas, organizativas o de producción. También se considera despido colectivo cuando afecta a la totalidad de la plantilla, siempre que la empresa tenga más de cinco trabajadores y la medida derive de la cesación total de la actividad por esas mismas causas. 

Pero identificar correctamente qué es el despido colectivo es solo el punto de partida. Para una empresa, especialmente en organizaciones de gran tamaño, el reto no está únicamente en activar el procedimiento adecuado, sino en preparar el proceso con coherencia jurídica, claridad interna y sensibilidad hacia las personas afectadas. 

Desde una mirada de gestión responsable, un despido colectivo no debería gestionarse como un trámite aislado. Es un proceso de alto impacto que exige rigor, comunicación y acompañamiento, porque la forma en que se toma y se ejecuta la decisión influye directamente en la confianza de quienes salen, de quienes se quedan y de quienes observan a la organización desde fuera. 

Peones de ajedrez representando un despido colectivo

Umbrales legales según tamaño de plantilla 

El Estatuto de los Trabajadores fija los umbrales que determinan cuándo una extinción de contratos pasa a considerarse despido colectivo. En un periodo de noventa días, lo será cuando afecte al menos a diez trabajadores en empresas de menos de cien personas; al 10% de la plantilla en empresas de entre cien y trescientos trabajadores; o a treinta trabajadores en empresas de más de trescientos. 

Este último supuesto es especialmente relevante para compañías de más de 300 empleados: basta con que la medida afecte a treinta personas en el periodo de referencia para que deba analizarse como despido colectivo. Por eso, ante cualquier proceso de reorganización, el área jurídica y de relaciones laborales debe anticipar el cómputo, revisar el calendario previsto y evitar una gestión fragmentada de las salidas. 

La norma también advierte frente a la división artificial de extinciones en periodos sucesivos de noventa días por debajo de los umbrales legales. Cuando esa fragmentación busca eludir el procedimiento de despido colectivo y no existen causas nuevas que la justifiquen, las extinciones pueden considerarse realizadas en fraude de ley y ser declaradas nulas. 

Por eso, antes de avanzar, la empresa necesita responder con precisión a tres preguntas: cuántas personas se verán afectadas, en qué plazo se producirán las extinciones y qué causa empresarial sostiene la medida. Esa claridad inicial reduce riesgos legales y permite diseñar una gestión más ordenada del proceso. 

Causas ETOP: económicas, técnicas, organizativas y de producción 

Además de alcanzar los umbrales legales, el despido colectivo debe apoyarse en una causa suficiente. Las causas ETOP —económicas, técnicas, organizativas o de producción— son las que permiten justificar la medida, siempre que estén correctamente acreditadas y conectadas con la decisión extintiva. 

Las causas económicas se vinculan a una situación económica negativa, como pérdidas actuales o previstas, o una disminución persistente de ingresos ordinarios o ventas. Las causas técnicas responden a cambios en los medios o instrumentos de producción; las organizativas, a cambios en los sistemas y métodos de trabajo o en la organización de la producción; y las productivas, a variaciones en la demanda de productos o servicios. 

El reglamento de los procedimientos de despido colectivo, aprobado por el Real Decreto 1483/2012, concreta la documentación que debe acompañar el proceso. Entre otros elementos, exige una memoria explicativa de las causas y, según el caso, documentación económica, fiscal, contable o informes técnicos que permitan acreditar la situación alegada. 

Aquí es donde muchas empresas se juegan buena parte de la solidez del proceso. La causa no puede funcionar solo como una justificación formal; debe ordenar el relato, la documentación, los criterios de afectación y la comunicación con la representación legal de las personas trabajadoras. Cuando la causa está mal explicada o no se conecta de forma clara con la medida, el proceso pierde credibilidad y aumenta el riesgo jurídico, reputacional y organizativo. 

Gestionarlo bien implica, por tanto, combinar cumplimiento legal con una visión más amplia del impacto. La empresa debe acreditar por qué adopta la medida, pero también explicar cómo va a gestionarla, qué acompañamiento ofrecerá a las personas afectadas y cómo cuidará la continuidad de quienes permanecen en la organización. 

Cómo se desarrolla el procedimiento: fases y plazos  

Una vez identificado que la medida encaja legalmente como despido colectivo, la empresa debe seguir un procedimiento específico. Su objetivo no es solo formalizar una decisión ya tomada, sino abrir un proceso de información, consulta y negociación con la representación legal de las personas trabajadoras. El Estatuto de los Trabajadores establece que el despido colectivo debe ir precedido de un periodo de consultas, mientras que el Real Decreto 1483/2012 desarrolla el marco reglamentario aplicable. Además, la Guía Laboral recoge el procedimiento de despido colectivo según el Ministerio de Trabajo, lo que permite contrastar las fases principales desde una fuente institucional.  

En la práctica, el proceso se articula en tres grandes momentos: la preparación documental y comunicación inicial, el periodo de consultas con los representantes y la comunicación final de la decisión empresarial. Cada fase tiene exigencias formales, pero también una dimensión crítica de gestión: cuanto más clara sea la causa, más consistente la documentación y más cuidado el diálogo, menor será el riesgo de conflicto, bloqueo o deterioro de la confianza interna. 

Fases y plazos de un despido colectivo

Documentación y comunicación inicial  

El procedimiento se inicia por escrito mediante la comunicación de apertura del periodo de consultas dirigida por la empresa a la representación legal de las personas trabajadoras. Esa comunicación debe incluir la especificación de las causas, el número y clasificación profesional de las personas afectadas, el número y clasificación profesional de la plantilla empleada habitualmente en el último año, el periodo previsto para realizar los despidos y los criterios utilizados para designar a las personas afectadas  

Además, la empresa debe aportar una memoria explicativa de las causas y la documentación económica, contable, fiscal o técnica que corresponda según el motivo alegado. Esta fase es especialmente sensible, porque la documentación no cumple solo una función probatoria: construye la coherencia del proceso. Si la causa no está bien formulada o no se conecta de forma clara con el alcance de la medida, el periodo de consultas nace debilitado. 

Por eso, antes de comunicar formalmente el inicio, la empresa debería haber alineado tres planos: el jurídico, para asegurar la adecuación normativa; el organizativo, para explicar por qué la medida es necesaria; y el humano, para prever cómo se va a informar, acompañar y sostener a las personas afectadas y a los equipos que continúan. 

El periodo de consultas con los representantes  

El periodo de consultas es el núcleo del procedimiento. Su finalidad es abrir una negociación real entre la empresa y la representación legal de las personas trabajadoras para valorar si es posible evitar o reducir los despidos colectivos y, en todo caso, atenuar sus consecuencias mediante medidas sociales de acompañamiento, como recolocación, formación o reciclaje profesional. 

En empresas de cincuenta o más trabajadores, este periodo no puede superar los treinta días naturales y, salvo pacto en contrario, deben celebrarse al menos tres reuniones. En empresas de menos de cincuenta trabajadores, el plazo máximo es de quince días naturales y deben celebrarse al menos dos reuniones, también salvo pacto en contrario. 

Más allá del calendario, la clave está en la calidad de la negociación. La empresa debe actuar de buena fe, explicar con claridad la causa, valorar alternativas y construir medidas que den seguridad al proceso. Una vez finalizado el periodo de consultas, debe comunicar la decisión final a la representación de las personas trabajadoras y a la autoridad laboral en un plazo máximo de quince días desde la última reunión; si no lo hace, el procedimiento puede caducar. 

Indemnización y derechos de los trabajadores  

Tras la comunicación de la decisión empresarial, la compañía puede notificar individualmente los despidos, siempre que hayan transcurrido al menos treinta días entre la comunicación de apertura del periodo de consultas a la autoridad laboral y la fecha de efectos de las extinciones. 

La notificación individual debe cumplir las exigencias de la extinción por causas objetivas: comunicación escrita, expresión de la causa, puesta a disposición de la indemnización legal correspondiente —veinte días de salario por año de servicio, con el límite de doce mensualidades— y respeto de los derechos de impugnación de las personas afectadas. 

También deben respetarse las prioridades de permanencia reconocidas legalmente o pactadas durante el proceso, como las de la representación legal de las personas trabajadoras u otros colectivos protegidos por convenio o acuerdo. 

Gestionar bien esta fase exige precisión jurídica y cuidado humano. Para la persona afectada, el despido no es una formalidad del procedimiento, sino un momento crítico y de alto impacto. Por eso, además de cumplir con los plazos, la indemnización y las garantías legales, la empresa debe preparar bien la comunicación, anticipar dudas y asegurar que cada persona entiende qué ocurre, cuáles son sus derechos y qué apoyos tendrá a partir de ese momento. 

Qué pasa si el despido colectivo se hace mal 

Un despido colectivo mal gestionado puede tener consecuencias jurídicas, pero también organizativas. No basta con llegar al final del procedimiento: la empresa debe acreditar bien la causa, cumplir las garantías formales, negociar de buena fe y cuidar cómo se comunica cada decisión. Cuando alguno de estos elementos falla, el proceso puede derivar en impugnaciones, pérdida de confianza interna y deterioro reputacional. 

Consecuencias legales: nulidad e improcedencia  

Desde el punto de vista jurídico, la decisión empresarial puede impugnarse cuando no concurre la causa alegada, no se ha realizado correctamente el periodo de consultas, no se ha entregado la documentación exigida o la medida se ha adoptado con fraude, dolo, coacción, abuso de derecho o vulneración de derechos fundamentales. La Ley Reguladora de la Jurisdicción Social distingue entre decisiones ajustadas a derecho, no ajustadas a derecho y nulas, según el cumplimiento del procedimiento y la acreditación de la causa. 

En paralelo, cada persona afectada puede impugnar individualmente su despido. En ese plano cobran especial importancia los requisitos de la extinción por causas objetivas: comunicación escrita, expresión de la causa, indemnización correspondiente y respeto de las garantías legales. Por eso, en un despido colectivo la forma también es fondo: una causa mal documentada, una negociación débil o una comunicación individual deficiente pueden comprometer la solidez del proceso. 

Consecuencias en la organización: reputación, clima y retención del talento  

El impacto de un despido colectivo no termina en el plano legal. Una gestión deficiente puede erosionar la confianza en la dirección, aumentar la incertidumbre, deteriorar el clima interno y afectar a la permanencia del talento clave. Harvard Business Review ha analizado cómo los procesos de despido pueden tener efectos prolongados sobre el compromiso, la moral y la lealtad de los empleados que permanecen en la organización.  

En empresas grandes, este impacto se amplifica porque el proceso no solo afecta a quienes salen, sino también a quienes continúan trabajando, a los managers que deben sostener la conversación y a la percepción externa de la imagen de compañía. Por eso, cada decisión —desde los criterios de afectación hasta la comunicación interna— contribuye a reforzar o debilitar la confianza en la organización. 

Este enfoque también aparece en el análisis de nuestro CEO, Rafael Vara sobre el impacto económico y organizativo de los grandes procesos de reestructuración, publicado en El Periódico, donde se aborda cómo un ERE puede generar costes que van más allá de la indemnización o del cumplimiento formal del expediente  

Por todo ello, gestionar el proceso de manera excelente exige mirar a ambos lados: a quienes salen y a quienes se quedan. La compañía necesita explicar qué cambia, cómo se reorganizará el trabajo y qué apoyos existirán para que el cierre formal del despido colectivo no deje abierto un problema de confianza, clima o reputación. 

El plan de recolocación externa: obligación legal y buena práctica  

En un despido colectivo, el plan de recolocación externa no debería entenderse solo como una obligación añadida al procedimiento. Es una de las palancas más importantes para reducir el impacto de la salida, ordenar la transición profesional de las personas afectadas y demostrar que la empresa asume su responsabilidad más allá de la indemnización. 

Cuando el proceso afecta a un número elevado de personas, la diferencia no está únicamente en ofrecer un plan, sino en diseñarlo bien: con orientación personalizada, foco en empleabilidad, acompañamiento emocional y una metodología capaz de ayudar a cada profesional a reconstruir su siguiente etapa laboral. 

Cuándo es obligatorio y qué debe incluir  

El artículo 51 del Estatuto de los Trabajadores establece que la empresa que lleve a cabo un despido colectivo que afecte a más de cincuenta trabajadores debe ofrecer a las personas afectadas un plan de recolocación externa a través de empresas de recolocación autorizadas. Ese plan debe estar diseñado para un periodo mínimo de seis meses e incluir medidas de formación y orientación profesional, atención personalizada y búsqueda activa de empleo. 

Además, el coste de elaboración e implantación del plan no puede recaer sobre las personas trabajadoras. La autoridad laboral, a través del servicio público de empleo competente, puede verificar el cumplimiento de esta obligación y requerir a la empresa para que la cumpla si no lo hace. 

Esta obligación marca un mínimo legal, pero no agota la responsabilidad de la empresa. Cumplir significa ofrecer el plan; gestionar bien implica que ese plan sea útil, accesible, personalizado y coherente con las necesidades reales de las personas afectadas. 

Qué aporta un programa de outplacement bien diseñado  

Un programa de outplacement bien diseñado ayuda a transformar una salida no deseada en un proceso de transición profesional acompañado. No elimina el impacto de la decisión, pero sí puede reducir la incertidumbre, ordenar los siguientes pasos y mejorar la empleabilidad de las personas afectadas. 

Su valor está en combinar orientación profesional, diagnóstico del perfil profesional y motivaciones personales, actualización de herramientas de búsqueda, preparación de entrevistas, activación de mercado y seguimiento personalizado. Cuando el acompañamiento se trabaja con rigor, la persona no solo busca un nuevo empleo: entiende mejor su valor profesional, toma decisiones con más criterio y afronta la transición con mayor seguridad. 

Los resultados también muestran que la calidad del acompañamiento importa. Según datos de Lukkap, el 73% de los profesionales mantiene o mejora su salario con un programa de outplacement, lo que refuerza una idea clave: la recolocación no debe medirse únicamente por la rapidez en encontrar empleo, sino también por la calidad del nuevo proyecto profesional. 

Por eso, en un despido colectivo, el plan de recolocación externa no debería plantearse como un trámite de cierre, sino como una parte central de la gestión responsable del proceso. Es el punto en el que la empresa demuestra, de forma concreta, cómo acompaña a las personas cuando la relación laboral termina 

Cómo gestionar el proceso de principio a fin  

Gestionar un despido colectivo implica mucho más que cumplir con la indemnización legal. La comunicación, el liderazgo en la incertidumbre y el acompañamiento a los que se quedan son igual de críticos. En Lukkap acompañamos a empresas en todo el proceso de offboarding, de principio a fin 

Comunicación y liderazgo durante el offboarding  

En un despido colectivo, la comunicación no puede improvisarse. La empresa necesita definir qué va a comunicar, cuándo, a través de quién y con qué mensajes clave. La falta de claridad alimenta la incertidumbre, abre espacio a rumores y puede debilitar la confianza en la dirección justo en el momento en que más se necesita coherencia. 

El liderazgo tiene un papel especialmente relevante. Los managers suelen ser quienes sostienen buena parte de las conversaciones con los equipos, resuelven dudas, contienen emociones y traducen la decisión organizativa al día a día de las personas. Por eso, prepararlos no es un aspecto secundario del proceso: es una condición para que la comunicación sea consistente, empática y alineada con la realidad de la compañía. 

En este sentido, resulta clave entender cómo gestionar el liderazgo en la incertidumbre durante un ERE porque un proceso de salida no afecta solo a quienes reciben la comunicación, sino también a quienes deben explicarla, acompañarla y sostener la continuidad del negocio después. 

Gestionar bien esta fase implica anticipar escenarios, preparar mensajes, formar a los líderes, cuidar los tiempos y asegurar espacios de escucha. El objetivo no es eliminar la dificultad de la decisión, sino evitar que una comunicación deficiente agrave innecesariamente el impacto humano y organizativo del despido colectivo. 

El acompañamiento a los que se quedan  

En un despido colectivo, el acompañamiento no termina con las personas afectadas por la salida. Quienes permanecen también interpretan el proceso: cómo se ha comunicado, cómo se ha tratado a sus compañeros y qué significa la decisión para su propio futuro dentro de la compañía. 

Por eso, una gestión responsable debe contemplar cómo cuidar a los empleados que se quedan tras un despido colectivo. Esto implica explicar qué cambia y qué no cambia, reorganizar el trabajo con claridad, preparar a los managers y abrir espacios de escucha que ayuden a reconstruir confianza. 

Además, el servicio de recolocación externa también influye en quienes se quedan. Cuando las personas que salen reciben apoyo profesional real, la plantilla percibe que la compañía se ha preocupado por gestionar la desvinculación con responsabilidad.  

Gestionar el despido colectivo de principio a fin significa mirar a todos los colectivos implicados: quienes salen, quienes se quedan y quienes lideran la transición. Solo así el proceso puede cerrarse no solo legalmente, sino también desde la confianza, la responsabilidad y la coherencia con los valores propios y el propósito de toda gran compañía.

Preguntas frecuentes sobre este artículo

¿Qué obligaciones tiene la empresa durante un despido colectivo además de la indemnización?

Debe justificar la causa, aportar la documentación exigida, abrir un periodo de consultas, negociar de buena fe y comunicar correctamente la decisión final. 

¿Cuándo es obligatorio contratar un plan de recolocación externa?

Cuando el despido colectivo afecta a más de 50 trabajadores, la empresa debe ofrecer un plan de recolocación externa a través de empresas autorizadas.

¿Qué debe incluir un programa de outplacement en un ERE?

Debe incluir orientación profesional, formación, atención personalizada y apoyo activo en la búsqueda de empleo durante un periodo mínimo de seis meses. 

¿Cómo afecta un despido colectivo mal gestionado a la marca empleadora?

Puede deteriorar la confianza, dañar la reputación de la empresa y debilitar el compromiso de las personas que permanecen en la organización.

¿Qué papel juega RRHH durante el proceso de offboarding colectivo?

El papel del área de personas es decisivo: debe articular la comunicación, acompañar a las personas afectadas, capacitar a los líderes y preservar por la continuidad emocional y operativa de la organización. 

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