Autor: Lukkap
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Un profesional al que aprecio y admiro me dijo en una ocasión, “los países y las empresas dicen que hay que invertir un % de sus recursos en Investigación y Desarrollo, yo me lo aplico en primera persona, invierto entre un 10% y un 15% de mi tiempo anual y de mis ingresos en mi propio desarrollo.

Que idea tan sencilla y tan maravillosa. ¿Qué ocurriría si 45 millones de españoles lo hiciéramos año tras año? Seríamos absolutamente imparables.

Pues bien, si a esta primera reflexión le añadimos el hecho de que la Inteligencia Artificial, la robótica, el Internet de las cosas, el blockchain o la impresión 3D va a lograr un nivel de automatización y eficiencia que supondrá una revolución en el mundo laboral, como jamás hayamos visto en la historia, ¿qué debemos hacer desde una posición directiva para aprovechar esta ola y evitar que nos pase por encima? El reto es colosal y la solución nada sencilla.

Por mi experiencia profesional, he visto en muchas ocasiones que empresas que, de partida, contaban con un producto y servicio de peor calidad, han sido capaces de batir en el tiempo a un rival con un producto y servicio mucho mejor. Y lo han conseguido por un hecho muy sencillo, el grupo de personas que conformaban ese proyecto, además de tener las capacidades necesarias, se comportaban como un grupo unido, cohesionado, motivado y que iba a bloque.

Más allá de esto último (que podría ser objeto de otro artículo), si nos centramos en la idea “capacidades necesarias”, ¿cuáles son esas capacidades en un momento en el que en ciertos sectores pueden ver como el 60% de su actividad laboral es susceptible de ser automatizada?

I+D en primera persona

 

De hecho, si nos paramos a pensar en el listado de los 50 primeros, curiosamente, la gran mayoría están vinculados con ámbitos relacionados con la tecnología(¡qué casualidad!). Si ese es el futuro, y parece que así va a ser, ¿qué capacidades necesita nuestra gente para estar en “ese mundo” y no en otro “viejo y caduco” que posiblemente tiene los días contados?

I+D en primera persona

Si hacemos el ejercicio de juntar todas las ideas anteriores podemos encontrar algunas respuestas.

Cualquier actividad rutinaria, mecánica o incluso analítica es susceptible de ser automatizada. No lo es la empatía, la intuición, la iniciativa, la valentía, la proactividad o el learning agility – no es el saber matemáticas, sino el aprender a saber aprender matemáticas –.

La clave (y posiblemente la única oportunidad que tenemos) está en la educación, la formación, el desarrollo, el potenciar todo aquello que nos hace únicos como seres humanos y que no es copiable o automatizable y que, además, nos hace capaces de mutar, reinventarnos, ser vanguardia, construir el futuro, descubrir o impulsar, arrastrar y no ser arrastrados.

Desde que era un niño he escuchado que el mejor regalo que nadie me podría hacer era mi propia educación. Al principio no lo entendía bien, luego me di cuenta que a mayor capacidad, simplemente, uno tiene más posibilidades, mayor capacidad de elección, en definitiva, más libertad (algo que, por cierto, es impagable).

Pues bien, si eres padre o madre, si ocupas un puesto de responsabilidad en una empresa o si simplemente quieres ser dueño de tu propio futuro, creo sinceramente que sería bueno el empezar a aplicar a los que te rodean (y a ti mismo) aquello que me trasladó mi querido y admirado amigo: “invierte un % de tu tiempo y dinero en tu propio desarrollo y reinvención”. A esa reflexión simplemente le añadiría: y hazlo pensando en aquellas capacidades que serán útiles en un entorno, en el que lo único certero es que nunca será estable, nunca será predecible, siendo tu única posibilidad de diferenciación apalancarte en aquello tan característico del ser humano que ningún “no humano” jamás podrá acercarse.

La solución radica en volver a mirar a la propia esencia de nuestra condición de ser humanos para sacar lo mejor de aquello que nos caracteriza, pero habrá que abordarlo dándole sentido de urgencia, de una manera intensiva y “masiva”, avanzando a grandes pasos y a toda velocidad. El “tsunami” en el que nos encontramos es tal que, o ponemos foco y elevamos el nivel de auto-exigencia para con nosotros mismos, o podemos entrar en una crisis laboral y social sin precedentes – no creo que sea bueno lanzar un mensaje simplemente humanista, también creo que debemos ser conscientes del riesgo y la amenaza a la que hacemos frente y la responsabilidad y gran oportunidad que tenemos en nuestras manos –.

Bonito reto y de máxima dificultad; y ahí radica, aunque no lo tengamos presente, la fuente de éxito de todos aquellos que ocupamos puestos de responsabilidad, maximizar las capacidades de nuestras organizaciones (en aquello que somos diferenciales y aportamos) para, si somos capaces, adelantarnos y liderar lo que ya está aquí (y no ser arrastrados por ello).